Insiste en que él ha de tener su Sábado y en que tú no has de tener el tuyo. Quiere sus propios derechos sociales y también los tuyos; pero quiere que tú tengas solo los tuyos y no los suyos junto con ellos. > Esto arroja serias dudas sobre la inteligencia judía el que tal conducta se persiga con tanta seriedad, como si por un lado la gracia de la «desfachatez», y por otro la repugnante insolencia de la misma, nunca se hubieran manifestado en su
En Nueva York, por lo tanto, el judío pertenece políticamente dos veces, mientras que todos los no judíos pertenecen solo una, y puede percibirse fácilmente que esto es una ventaja.
En el artículo anterior se repasó cómo Tammany empañó su nombre por su asociación con judíos que utilizaron la organización como protección para su tráfico de vicio. Esto fue en 1894.
Las revelaciones fueron tan terribles que en cualquier otra comunidad habrían llevado a la abolición total de cualquier posibilidad de recuperación, pero como nunca se le dejó claro al pueblo que el tráfico de vicio no era una aparición repentina de podredumbre entre los estadounidenses, sino la actividad normal de una estirpe racial extranjera, el poder moral de la exposición quedó disipado.
La gente quedó perpleja por lo que se le permitió creer sobre el origen del horror. La gente decía que era Tammany porque la prensa decía que era Tammany, y sin embargo la gente no podía entender cómo podía ser Tammany, y así, en medio de la vacilación, el fuego de la reforma se extinguió.
Era exactamente como estos días en que se nos dice que los «hombres de negocios estadounidenses» en el extranjero están haciendo cosas terribles; aun cuando la prensa declara que son «estadounidenses», no