El judaísmo estadounidense tiene un miedo desesperado a abrir una sola costura de su armadura mediante una sola investigación o reforma. Tienen miedo de hasta dónde pueda extenderse el fuego de la autocorrección.
Fue la intención de The Dearborn Independent dar en este artículo una muestra del modo en que se escribe el jazz judío en tres clases: la n.º 1 para el consumo general; la n.º 2 para el consumo teatral; la n.º 3 para los antros más bajos. Al buscar entre las canciones el ejemplo menos ofensivo se descubre que ni siquiera el menos ofensivo puede imprimirse aquí. El hecho se lamenta profundamente, pues sin duda debe hallarse algún método mediante el cual se pueda poner al público en posesión de información completa sobre lo que está ocurriendo en este espantoso tráfico.
El arte judío del «camuflaje» (el lector tal vez no sepa que el camuflaje en tiempos de guerra fue una invención judía) siempre ha estado operativo. Los «nombres de cobertura», las «nacionalidades de cobertura» (estos son términos judíos) se conocen desde hace mucho tiempo.
Es bastante común que los judíos de la clase alta se agrupen en sociedades con fines políticos y raciales, cuyos propósitos se camuflan bajo un nombre como Sociedad Geológica, o Sociedad Científica, o algo por el estilo.
Y así, en la versificación más vil, que hace apenas unos años habría sido rechazada por el correo, han lanzado a voleo entre la juventud del mundo ideas peligrosas bajo el camuflaje de melodías pegadizas.
Las melodías en sí mismas llevan consigo una historia. Ha habido casos en los tribunales relacionados con la «adaptación» o el robo de melodías con fines de «canción popular». Si observas con atención, captarás fragmentos reminiscentes en muchas de las canciones