opinión pública? > En absoluto. La explicación debe buscarse
Hubo un tiempo en que publicaciones audaces dijeron la verdad sobre Tammany, pero el Harper’s Weekly y otras que libraron una feroz guerra contra el Tigre han dejado de existir o han caído bajo el control de los judíos. El silencio que ha envuelto ciertos asuntos no debe pasarse por alto ni dejarse de lado sin hacer referencia al cambiado control de la prensa. Hubo un tiempo en que organismos públicos como la Citizens’ Union se organizaban para oponerse a Tammany y mantener una vigilancia voluntaria sobre sus actividades: estos grupos han sucumbido a las contribuciones y a la dirección judías y ya no montan guardia.
El clamor contra Tammany pareció acallarse en el mismo instante en que el patrocinio de Tammany cayó en manos de los judíos de Nueva York, donde ahora descansa; siendo la Kehillah el verdadero centro político, y Tammany apenas una estación de distribución —una especie de «fachada gentil» de carácter organizativo para la más poderosa Kehillah—.
A unos pocos líderes de Tammany se les permite pavonearse al frente, pero todo el mundo sabe que el poder se ha apartado de los jefes del Wigwam; ahora se halla en las conferencias judías.
Murphy sigue siendo la cabeza titular de Tammany, pero, como un Sansón rapado, ya no se le teme ni se le obedece como antaño. De hecho, la judaización de Tammany Hall ya es completa. De vez en cuando los irlandeses —siempre a la altura de los judíos— levantan cabeza y presentan batalla, pero en su mayor parte el dinero judío manda y el Tigre se acuesta.
Tammany Hall fue una de las organizaciones políticas más fuertes jamás vistas en los Estados Unidos, influyente no solo en la política municipal y estatal, sino ejerciendo a menudo una influencia decisiva en los asuntos nacionales. Era, sin exageración, poderosa.