“Y Judá también peleará contra Jerusalén.”
La situación racial en Palestina en este momento es muy delicada. Los estadounidenses no la entienden.
La propaganda sionista siempre se ha aceptado bajo la premisa de que Palestina es la tierra de los judíos y que estos solo necesitan ayuda para regresar. Es un hecho histórico y político que Palestina no ha sido la tierra de los judíos durante más de 2000 años.
Hay en Palestina 500 000 musulmanes, 105 000 cristianos y 65 000 judíos. La industria del país es la agricultura. Se dedican a ella el 69 por ciento de los musulmanes, el 46 por ciento de los cristianos y el 19 por ciento de los judíos. Ni numérica ni industrialmente han poseído la tierra.
Sin embargo, como resultado de un trato de guerra, se les entrega con tanta indiferencia hacia los habitantes nativos como si Bélgica se le hubiera entregado a México. Muchos de los nativos son semitas, como los judíos, pero no quieren a los judíos entre ellos.
Ese es un hecho extrañísimo para quienes usan el término «antisemitismo»; ¿por qué a los semitas de verdad tampoco les caen bien los judíos? Ciertamente los semitas no son víctimas del «antisemitismo».
La Declaración Balfour, así como los términos del Mandato adoptado en San Remo, reconocieron los derechos de las razas nativas. De hecho, todos los que conocen al pueblo que ha sido nativo de Palestina durante 2.000 años reconocen sus derechos, todos excepto los judíos. Belén era una ciudad cristiana, como corresponde al lugar de nacimiento de Cristo.