tres continentes* favorece el comercio exterior.
Todo esto se presta a sueños de gloria futura, y muchos amigos cristianos del judío se han complacido en concebir una Haya universal en Jerusalén y un nuevo orden social que salga a bendecir a las naciones desde Sión. Es la idea transmitida por hombres como A. A. Berle en libros como “The World Significance of a Jewish State” (El significado mundial de un Estado judío).
Todo esto podría esperarse si los judíos de hoy fueran un pueblo del Antiguo Testamento, ansiosos por restablecer las leyes sociales de Moisés, las cuales se reconoce que son las mejores salvaguardas jamás ideadas contra el pauperismo, por un lado, y la plutocracia, por el otro.
Pero Palestina no ha caído en manos de esa clase de judíos. Antes de que el sueño pueda cumplirse, Judá debe volver en sí, como aún no lo ha hecho, porque desde la antigüedad la Palabra dice—