que espía la tierra para que los judíos se adueñen de ella. Era difícil conseguir alojamiento o comida, y a veces había manifestaciones hostiles desagradables debido a estas sospechas. En todas partes se creía que el judío, por medios desleales, intentaba desalojar a los verdaderos dueños y tomar posesión de sus tierras.
“En Jerusalén se afirmaba que los fondos sionistas, o los fondos judíos que los sionistas podían influenciar o controlar, se utilizaban para subvencionar a artesanos o comerciantes judíos con el fin de ofrecer precios inferiores a los de los cristianos y musulmanes y así desplazarlos mediante competencia desleal, y que se empleaban medios similares para adquirir tierras o títulos de propiedad. Muchos incluso creían que las autoridades inglesas favorecían y ayudaban indebidamente a los judíos en estos empeños, como lo demuestra una carta de un cristiano de Jaffa publicada en el Atlantic Monthly:—
“«Ya estamos sintiendo que tenemos un gobierno dentro de un gobierno. Los oficiales británicos no pueden ponerse del lado correcto porque temen ser destituidos de sus puestos o reprendidos»”.
“Desde tiempos inmemoriales, los judíos de