“Me parece claro que los judíos deben evitar los matrimonios con gentiles y los gentiles con los judíos, bajo el mismo principio por el cual evitamos casarnos con los dementes, los tísicos, los escrofulosos o los negros.” (Página 249)
Esta exclusividad impregna todas las relaciones humanas. El judío tiene un consejo para los no judíos y otro para sí mismo en estos asuntos. Al no judío le exige por derecho lo que él mismo considera un privilegio turbio. Utiliza el Gueto como un garrote con el que apalear al no judío por su «intolerancia», cuando en realidad elige el Gueto por razones raciales bien definidas. Condena al no judío por la exclusión del judío de ciertos sectores de la sociedad, cuando como judío todo su empeño es mantenerse incorrupto de esa misma sociedad a la que pretende entrar. El judío insiste en destruir la exclusividad no judía mientras conserva la suya propia. El mundo no