Los jóvenes de buena posición suelen conocer la Clase 2 y la Clase 3. Se ha dado el caso de que algunas jóvenes se han familiarizado también con estos grados inferiores.
Los despistes de los jóvenes al cantar junto al piano por las noches han dado pistas de la versión más soez. Y aun cuando se ha seguido estrictamente la versión 1, el conocimiento mutuo, cortésmente ocultado, ha creado un ambiente poco saludable.
La astucia diabólica con la que se crea y mantiene una atmósfera impura en todas las clases de la sociedad y por la misma influencia, no pasará desapercibida para ningún observador.
Hay algo satánico en ello, algo calculado con astucia demoníaca.
Y el flujo continúa sin cesar, empeorando cada vez más, para degradación del público no judío y el incremento de las fortunas judías.
Si The Dearborn Independent hubiera de imprimir en esta página las palabras llanas de las canciones populares que se encuentran en los salones de la sección más respetable de cada ciudad, el sentido de la decencia del lector protestaría en contra de ello.
Las mismas palabras, cuando son alargadas mediante numerosos guiones y encubiertas con música nerviosa, se abren paso de contrabando en los tonos tarareados de la vejez y en los estribillos de la infancia inocente.
Entre las películas y las canciones populares, los grupos judíos dictan la vida intelectual de las masas.
Entre los últimos «éxitos musicales» judíos pueden incluirse estos títulos: «Yo diría que sí»; «Aquí no puedes mover ese shimmy »;