“Tal ha sido el desarrollo de los banqueros internacionales que ya no pueden ser considerados en su capacidad profesional como nacionales de ningún país, con derecho a hacer negocios bajo la supervisión exclusiva de su propio gobierno. Son realmente ciudadanos del mundo, con intereses mundiales, y como tales debería hacérseles responsables ante alguna forma de control supranacional”.—George Pattullo, en Saturday Evening Post.
No solo la firma financiera judía Kuhn, Loeb & Company demostró una prudencia clarividente al dividir su apoyo político —un Warburg apoyaba a Wilson, otro Warburg apoyaba a Taft y un miembro anónimo de la firma apoyaba a Roosevelt, todo al mismo tiempo, como testificó Paul M. Warburg—, sino que también dividió sus actividades de varias otras maneras.
Los intereses internacionales de los judíos que componen esta firma son dignos de mención. La influencia que obligó a los Estados Unidos a repudiar un tratado comercial con Rusia mientras Rusia era un país amigo (1911), y a obligar así a que todo negocio entre los Estados Unidos y Rusia pasara por manos de judíos alemanes, fue generada por Jacob H. Schiff.
Rusia parece haber sido el país en el que decidió centrar sus actividades. La historia completa se cuenta en The Dearborn Independent del 15 de enero de 1921, bajo el título «Taft Once Tried to Resist the Jews—and Failed» [Taft una vez intentó resistirse a los judíos y fracasó], y está reimpresa en el Volumen II del folleto que contiene esta serie.
La actividad del Sr. Schiff consistió en obligar al Congreso de los Estados Unidos a hacer algo que era repugnante para la razón y la conciencia del