solicitado por la dirección para visitar e inspeccionar estas escuelas. Aquí encontré a judío, musulmán y cristiano trabajando codo a codo sin prejuicios. Esta era, a mi juicio, la mejor labor de cualquier tipo que se estaba realizando en Palestina, por dos razones: * primero, estas escuelas enseñaban la dignidad y el valor del trabajo manual, que el oriental de toda laya había desdeñado hasta entonces, considerándolo indigno de cualquier hombre de inteligencia o capacidad; * segundo, porque reunían a musulmán, cristiano y judío en un plano de trabajo común y valor común, el agente más valioso para la destrucción de esos antiguos prejuicios, religiosos, raciales y sociales, que han sido la maldición y la ruina de
“Se me pidió que pusiera esto por escrito porque, según me dijeron, se estaba ejerciendo una gran presión —lamento decir que, especialmente desde América— para impedir que la dirección continuara con esta labor en particular de enseñar a judío, cristiano y musulmán en el mismo plano, con la exigencia de que el judío no fuera puesto en tal contacto con el musulmán y el cristiano, y que fuera educado únicamente por separado, para que no fuera contagiado, por decirlo así, por los demás, y para que estos no estuvieran preparados para competir con él por la posesión de la tierra. Este espíritu lo encontré de una forma más minuciosamente organizada y ofensiva en mi última visita en 1919 y 1920.
“Encontré un progreso inmenso en el desarrollo de las colonias agrícolas. Todavía había dificultad para persuadir al judío, salvo únicamente al judío africano o árabe, para que realizara el trabajo material de la colonia, pero las colonias prosperaban, y el cultivo de frutas, la vinicultura y especialmente la fabricación de vino y licores a gran escala y de la manera más científica, habían progresado maravillosamente. En general, la tierra