La dirección de los distritos controlados por Tammany cuenta la misma historia. En el segundo, el líder es M. S. Levine; en el sexto, David Lazarus; en el octavo, S. Goldenkranz, F. Bauman y S. Salinger; en el noveno, la señora P. Lau; en el decimoséptimo, Nathan Burkan, y así sucesivamente.
La conquista judía de Tammany, sin embargo, es solo una fase de la conquista de Nueva York. El objetivo judío es más que político. El fin que se persigue no es meramente luchar para que los cargos lucrativos y poderosos de la ciudad recaigan en los suyos.
Nueva York se ha convertido en el Centro Rojo de América. Allí tiene su origen la mayor parte de la traición extranjera perpetrada contra el gobierno de los Estados Unidos. El Gobierno de los Estados Unidos se ha visto obligado a veces a considerar a Nueva York casi como un suelo extranjero, pero incluso esa vigilancia por parte del gobierno nacional se relaja a medida que la influencia judía se vuelve más potente en Washington.
Tammany es una fachada conveniente para la actividad política ostensible, al igual que la Kehillah lo es para la actividad racial más radical y antiamericana.
Al Gobierno de los Estados Unidos no le vendría nada mal investigar —a través de un comité de estadounidenses inquebrantables— las actividades judías de ese centro. Y que hay mucho que investigar lo indica la prisa de los judíos por ir a Washington cuando recientemente se propuso en el Senado de los Estados Unidos que se hiciera tal cosa.
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Edición del 1 de octubre de 1921.