Los Warburg son tres. Felix M. es el otro que está en América. Aparece muy poco en los asuntos públicos, aunque es miembro del Comité Judío Americano y de la firma Kuhn, Loeb & Company.
Sin embargo, su hábito de reserva no denota falta de importancia. Fue de la importancia suficiente, en el ámbito judío, como para que se le otorgara una especie de título rabínico honorario de «Haber» que le da derecho a ser conocido como «Haber Rabí Baruj Ben Moshe». Es el único judío en América sobre el cual se ha conferido jamás dicho título.
Max Warburg representa a la familia en su tierra natal. Max Warburg tuvo tanto que ver con el gobierno de guerra alemán como sus colegas familiares y financieros en América tuvieron que ver con el gobierno de guerra de los Estados Unidos.
Tal como se ha contado en la prensa de todo el mundo, el hermano de América y el hermano de Alemania se encontraron en París como representantes gubernamentales para determinar la paz.
Había tantos judíos en la delegación alemana que se le conocía con el término «kosher», y también como «la delegación Warburg», y había tantos judíos en la delegación americana que los delegados de los países menores de Europa consideraban a los Estados Unidos como un país judío que, mediante una generosidad sin precedentes, había elegido a un no judío como su presidente.
Max Warburg es un personaje interesante también en lo que respecta al establecimiento del bolchevismo en Rusia. Los judíos tenían varios objetivos en la guerra, y uno de ellos era «apoderarse de Rusia». Con este fin, los judíos alemanes trabajaron con mucha asiduidad. Dado que Rusia era miembro de los Aliados, la labor de los judíos alemanes se vio facilitada. Pero el hecho de que Rusia fuera un aliado no supuso ninguna diferencia para los judíos que residían en los países aliados. Ganara o perdiera, Rusia debía ser destruida. Es el testimonio de la historia que no