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nydus/The International Jew, Volume III: Jewish Influences in American LifePublic
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LVII. La idea judía en los asuntos monetarios americanos

Mr. Warburg—“No; he was not; but there was talk about it; it had been suggested, and he had it in his mind. Something had been written about it in the papers.”—(P. 76, Senate Hearings, August 3, 1914.)

De modo que, si el señor Kahn es ciudadano de los Estados Unidos ahora, lo cual de hecho ha sido disputado, entonces ha sido ciudadano de tres países, siendo Alemania y Gran Bretaña los otros dos.

El señor Kahn, por cierto, es uno de esos judíos cuya adopción de otra forma de fe no genera la menor denuncia por parte de los propios judíos.

¡Una circunstancia de lo más peculiar! Pero sin duda no inexplicable. Al señor Kahn no se le llama «judío renegado» ni se le cuelgan ninguno de los otros nombres desagradables que se le recetan a los conversos judíos al cristianismo, porque no se los merece. No le quedarían bien. No es un renegado.

Y Jacob H. Schiff jamás lo consideró ni por un momento como otra cosa que no fuera judío, pues de otro modo aquel «Príncipe de Israel» no lo habría elegido para quedarse en América y dirigir el negocio de Kuhn, Loeb & Company, en una época en la que parecía poco aconsejable poner al joven Schiff al mando absoluto del mismo.

Sin duda era deseo del señor Kahn, justamente en el momento en que Jacob Schiff dio a conocer sus deseos, ir a Inglaterra y presentarse al Parlamento.

Pero desde Nueva York cumple, probablemente tan bien como podría hacerlo desde Londres, esas misteriosas misiones que con frecuencia lo llevan al continente, ocasiones en las que toma lo que se considera ciertas decisiones autorizadas, aunque exactamente de quién sean las decisiones no siempre es posible decirlo.

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