No fue el padre, sin embargo, quien descubrió primero que la niña se había convertido en mujer. Rara vez ocurre así en tales casos. Ese cambio misterioso es demasiado sutil y demasiado gradual para ser medido por fechas.
Menos aún lo sabe la propia doncella hasta que el tono de una voz o el roce de una mano hacen que su corazón se agite en su interior, y aprende, con una mezcla de orgullo y de temor, que una naturaleza nueva y más amplia ha despertado en ella.
Pocos hay que no puedan recordar aquel día y recordar el pequeño incidente que anunció el alba de una nueva vida. En el caso de Lucy Ferrier, el acontecimiento era lo suficientemente grave en sí mismo, aparte de su influencia futura en su destino y en el de muchos otros.
Era una cálida mañana de junio, y los Santos de los Últimos Días estaban tan ocupados como las abejas cuya colmena han elegido como emblema. En los campos y en las calles se elevaba el mismo murmullo de labor