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nydus/A Study in ScarletPublic
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La ciencia de la deducción

Nada superaba su energía cuando le entraba la vena de trabajar; pero de vez en cuando le asaltaba una reacción, y durante días enteros se quedaba tumbado en el sofá de la sala de estar, sin apenas decir una palabra ni mover un músculo desde la mañana hasta la noche. En estas ocasiones he llegado a notar una expresión tan soñadora y vacía en sus ojos, que habría podido sospechar que era adicto al uso de algún narcótico, de no habérselo impedido a tal idea la templanza y pulcritud de toda su vida.

A medida que pasaban las semanas, mi interés por él y mi curiosidad respecto a sus propósitos en la vida se profundizaron y aumentaron gradualmente.

Su propia persona y apariencia eran tales como para llamar la atención del observador más displicente. En estatura pasaba un poco de los seis pies, y era tan excesivamente enjuto que parecía bastante más alto.

Sus ojos eran agudos y penetrantes, salvo durante aquellos intervalos de sopor a los que he aludido; y su nariz delgada y aguileña confería a toda su expresión un aire de viveza y resolución. Su barbilla, también, tenía la prominencia y la cuadratura que caracterizan al hombre decidido.

Sus manos estaban invariablemente manchadas de tinta y tenues de productos químicos, pero poseía una delicadeza de tacto extraordinaria, como tuve ocasión de observar frecuentemente al contemplarle manipular sus frágiles instrumentos científicos.

El lector podrá tenerme por un entrometido sin remedio cuando confiese cuánto estimuló este hombre mi curiosidad y cuán a menudo me esforcé por romper la reserva que mostraba en todo lo que a él concernía. Antes de emitir juicio, sin embargo, recuérdese cuán carente de objetivos era mi vida y cuán poco había para captar mi atención. Mi salud me

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