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nydus/A Study in ScarletPublic
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VI. Tobias Gregson demuestra de lo que es capaz

—¿Y su nombre es?

—Arthur Charpentier, subteniente de la marina de Su Majestad —exclamó Gregson con pomposidad, frotándose las gordas manos e inflando el pecho.

Sherlock Holmes dio un suspiro de alivio y dejó escapar una sonrisa.

—Tome asiento y pruebe uno de estos cigarros —dijo—. Estamos deseosos de saber cómo se las arregló. ¿Quiere un poco de güisqui con agua?

—No me disgusta la idea —respondió el detective—. Los tremendos esfuerzos por los que he atravesado durante el último día o dos me han agotado. No tanto un esfuerzo corporal, comprende usted, sino la tensión mental. Usted sabrá apreciarlo, señor Sherlock Holmes, ya que ambos somos trabajadores intelectuales.

—Me hace usted demasiado honor —dijo Holmes con gravedad—. Veamos cómo ha llegado a este tan gratificante resultado.

El detective se sentó en el sillón y dio una calada complaciente a su puro. Luego, de repente, se dio una palmada en el muslo en un paroxismo de diversión.

—Lo divertido del asunto —exclamó—, es que ese idiota de Lestrade, que se cree tan listo, se ha metido por completo en una pista falsa. Va tras el secretario Stangerson, que no tuvo más que ver con el crimen que una criatura recién nacida. No tengo la menor duda de que ya lo habrá atrapado.

La idea le hizo tanta gracia a Gregson que se rio hasta que se ahogó.

¿Y cómo obtuvo su pista?

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