—No querrá decir —exclamé, atónito—, que esa anciana achacosa y endeble fue capaz de bajarse del coche mientras este iba en marcha, ¿sin que ni usted ni el cochero la vieran?
“¡Que le den por el forro a la vieja!”, dijo Sherlock Holmes con brusquedad.
“Las viejas fuimos nosotros por dejarnos engañar así. Debió de ser un joven, y uno activo además, aparte de ser un actor incomparable. El disfraz era inimitable. Vio que lo seguían, sin duda, y usó este medio para darme esquinazo. Demuestra que el hombre al que perseguimos no está tan solo como imaginaba, sino que tiene amigos dispuestos a arriesgar algo por él. Vamos, doctor, tiene usted cara de estar hecho polvo. Siga mi consejo y a la cama”.