Ciertamente me sentía muy cansado, así que obedecí su mandato. Dejé a Holmes sentado frente al fuego moribundo, y durante buena parte de la noche escuché las bajas y melancólicas notas de su violín, y supe que seguía meditando sobre el extraño problema que se había propuesto desentrañar.
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V. Nuestro anuncio atrae a un visitante
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