Había llegado a las afueras de la ciudad cuando encontró el camino bloqueado por una gran manada de ganado, arriada por media docena de vaqueros de aspecto salvaje provenientes de las llanuras.
En su impaciencia, intentó sortear este obstáculo metiendo su caballo en lo que parecía ser un hueco. Apenas hubo entrado del todo, sin embargo, las bestias se cerraron a su espalda y se vio completamente envuelta en la corriente en movimiento de novillos de cuernos largos y mirada feroz.
Acostumbrada como estaba a tratar con ganado, no se alarmó por su situación, sino que aprovechó cada oportunidad para urgir a su caballo con la esperanza de abrirse paso a través de la caballada.