Tengo que agradecérselo todo. Puede que no hubiera ido de no ser por usted, y me habría perdido así el mejor estudio con el que me he topado jamás: un estudio en escarlata, ¿eh? ¿Por qué no habríamos de usar un poco de jerga artística? Hay un hilo escarlata de asesinato que atraviesa la madeja incolora de la vida, y nuestro deber es desenmarañarlo, aislarlo y exponer cada pulgada del mismo. Y ahora a almorzar, y luego a escuchar a Norman Neruda. Su ataque y su ejecución con el arco son espléndidos. ¿Cómo se llama esa obrita de Chopin que toca de manera tan magnífica: Tra-la-la-lira-lira-lay”.
Reclinado en el asiento trasero del taxi, aquel sabueso aficionado canturreaba como una alondra mientras yo meditaba sobre la versatilidad de la mente humana.