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สารบัญ

V. Nuestro anuncio atrae a un visitante

la larga me desquitaré.

—¿Qué es, entonces? —pregunté.

“Vaya, no me importa contar una anécdota en mi propia contra.

Aquella criatura había avanzado un corto trecho cuando empezó a cojear y a dar muestras evidentes de tener los pies doloridos. Al poco tiempo se detuvo y llamó a un coche de alquiler de cuatro ruedas que pasaba. Me las apañé para estar cerca de ella y así oír la dirección, aunque no hacía falta que me preocupara tanto, pues la pregonó lo suficientemente alto como para que se oyera al otro lado de la calle: «Lléveme al número 13 de Duncan Street, Houndsditch», gritó.

Esto empieza a parecer auténtico, pensé, y tras verla entrar san y salva, me encaramé en la parte trasera. Ese es un arte en el que todo detective debería ser un experto. Bien, salimos a todo traqueteo y no paramos hasta llegar a la calle en cuestión.

Salté antes de que llegáramos a la puerta y bajé por la calle con aire relajado y pausado. Vi detenerse el carruaje. El cochero saltó y lo vi abrir la puerta y quedarse esperando expectante. Sin embargo, no salió nadie. Cuando llegué junto a él, estaba buscando a tientas frenéticamente en el carruaje vacío y dando rienda suelta a la mejor y más variada colección de juramentos que jamás haya escuchado.

No había rastro ni señal de su pasajera, y mucho me temo que pasará un tiempo antes de que cobre su tarifa. Al preguntar en el número 13 descubrimos que la casa pertenecía a un respetable instalador de papel pintado llamado Keswick, y que allí jamás se había oído hablar de nadie con el nombre de Sawyer ni de Dennis”.

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