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nydus/A Study in ScarletPublic
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VI. Continuación de los recuerdos de John Watson, M. D.

“Se encogió acobardado con gritos desaforados y súplicas de clemencia, pero saqué mi cuchillo y se lo puse en la garganta hasta que me hubo obedecido.

Luego me tragué la otra, y nos quedamos el uno frente al otro en silencio durante un minuto o más, esperando a ver cuál iba a vivir y cuál iba a morir.

¿Podré olvidar jamás la expresión que cruzó por su rostro cuando las primeras punzadas de advertencia le indicaron que el veneno estaba en su organismo? Me reí al verlo, y le puse la alianza de boda de Lucy delante de los ojos. Fue solo por un momento, pues la acción del alcaloide es rápida. Un espasmo de dolor contorsionó sus facciones; estiró los brazos hacia adelante, se tambaleó y luego, con un grito ronco, cayó pesadamente al suelo. Lo giré con el pie y le puse la mano sobre el corazón. No había ningún movimiento. ¡Estaba muerto!

“La sangre me había estado chorreando de la nariz, pero no le había prestado atención. No sé qué fue lo que se me metió en la cabeza para escribir en la pared con ella. Quizás fue alguna idea traviesa de despistar a la policía, pues me sentía alegre y de buen humor. Recordaba que a un alemán lo habían encontrado en Nueva York con la palabra Rache escrita sobre él, y en su época se argumentó en los periódicos que debían haber sido las sociedades secretas. Adiviné que lo que desconcertaba a los neoyorquinos desconcertaría a los londinenses, así que mojé mi dedo en mi propia sangre y la imprimí en un lugar accesible de la pared. Luego bajé a mi coche de alquiler y descubrí que no había nadie por los alrededores, y que la noche seguía siendo muy salvaje. Había conducido un buen trecho cuando metí la mano en el bolsillo en el que solía guardar el anillo de Lucy, y descubrí que no estaba allí. Me quedé anonadado por esto, pues era el único recuerdo que me quedaba de ella.

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