Hasta donde alcanza la vista se extiende la gran llanura yerma, salpicada de manchas de álcali y surcada por grupos de arbustos enanos de chaparral. En el extremo horizonte se alza una larga cadena de picos montañosos, con sus cumbres escarpadas salpicadas de nieve. En esta gran extensión de terreno no hay señal de vida, ni de nada perteneciente a la vida. * No hay ningún pájaro en el cielo azul acero, ningún movimiento sobre la tierra opaca y gris; por encima de todo, reina un silencio absoluto. > Por mucho que uno escuche, no hay ni rastro de sonido en toda esa inmensa región salvaje; nada más que silencio: un silencio completo
Se ha dicho que no hay nada relativo a la vida en la vasta llanura. Eso no es del todo cierto.
Mirando hacia abajo desde la Sierra Blanca, se ve un sendero trazado a través del desierto, que serpentea y se pierde en la lejanía extrema. Está surcado por ruedas y pisoteado por los pies de muchos aventureros.
Aquí y allá hay objetos blancos dispersos que relucen bajo el sol y destacan sobre el sedimento opaco de álcali. ¡Acércate y examínalos!
Son huesos: * unos grandes y burdos, * otros más pequeños y delicados.
Los primeros han pertenecido a bueyes, y los segundos a hombres. A lo largo de mil quinientas millas se puede rastrear esta macabra ruta de caravanas mediante estos restos dispersos de aquellos que habían caído junto al camino.