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POR QUÉ ESCRIBO LIBROS TAN EXCELENTES

Mirándolo bien ahora, me doy cuenta de que exactamente dos meses antes de esta inspiración tuve un augurio de su llegada en forma de un cambio repentino y decisivo en mis gustos, más concretamente en la música. El Zarathustra entero quizás pueda clasificarse bajo el rubro de música. En cualquier caso, la condición esencial de su producción fue un segundo nacimiento en mí del arte de escuchar. En Recoaro, un pequeño centro turístico de montaña cerca de Vicenza, donde pasé la primavera de 1881, mi amigo y maestro Peter Gast —quien también había vuelto a nacer— y yo descubrimos que la música fénix se cernía sobre nosotros, con un plumaje más ligero y brillante que el que jamás había tenido.

Si, por lo tanto, calculo ahora a partir de aquel día en adelante la repentina producción del libro, bajo las circunstancias más improbables, en febrero de 1883 —la última parte, de la cual cité unas pocas líneas en mi prefacio, fue escrita precisamente en la hora consagrada en que Richard Wagner expiró en Venecia—, llego a la conclusión de que el período de gestación abarcó dieciocho meses.

Este período de exactamente dieciocho meses podría sugerir, al menos a los budistas, que en realidad soy una elefanta

El intervalo fue dedicado a la Gaya Scienza, que contiene centenares de indicios de la proximidad de algo incomparable; pues, a fin de cuentas, muestra el comienzo del Zaratustra, ya que expone el pensamiento fundamental del Zaratustra en el penúltimo aforismo del cuarto libro. A este intervalo pertenece asimismo aquel Himno a la vida (para coro mixto y orquesta), cuya partitura fue publicada en Leipzig hace dos años por E. W. Fritsch, y que dio tal vez no escaso indicio de mi estado espiritual durante este año, en el cual el pathos esencialmente afirmador de la vida, que yo llamo el pathos trágico, me colmó por completo el corazón y las extremidades. Algún día la gente lo cantará en mi memoria. El texto, hágase bien la salvedad, pues corre por ahí algún malentendido sobre este punto, no es mío; fue la asombrosa inspiración de una joven rusa, la

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