Esta sensibilidad mía está provista de antenas psicológicas con las que palpo y capto todo secreto: la cualidad de la inmundicia oculta que yace en la base de no pocos caracteres humanos —la cual puede ser el resultado inevitable de una sangre vil, y que la educación tal vez haya barnizado— se me revela al primer vistazo. Si mi observación ha sido correcta, tales personas, a quienes mi sentido de la limpieza rechaza, también cobran conciencia, por su parte, de la cautela a la que me impulsa mi repugnancia; y esto no hace que resulten precisamente más fragantes....
Fiel a una costumbre que desde hace mucho tiempo observo —la pureza de hábitos y la honradez conmigo mismo se cuentan entre las primeras condiciones de mi existencia, moriría en un entorno impuro—, nado, me baño y salpico, por así decirlo, incesantemente en el agua, en cualquier clase de elemento perfectamente transparente y resplandeciente.
Por eso mis relaciones con mis semejantes ponen a prueba mi paciencia no en pequeña medida; mi humanidad no consiste en el hecho de que comprenda los sentimientos de mis semejantes, sino en que puedo soportar comprenderlos...
Mi humanidad es un proceso perpetuo de dominio de uno mismo.
Pero necesito soledad—es decir, recuperación, retorno a mí mismo, la respiración de un aire libre, fresco, estimulante... Todo mi Zarathustra es un ditirambo en honor de la soledad, o, si se me ha comprendido, en honor de la pureza. ¡Gracias a Dios que no es en honor de la «pura necedad»!3
Quien tenga ojo para el color lo llamará diamante. El asco a la humanidad, a la chusma, ha sido siempre mi mayor peligro... ¿Queréis escuchar las palabras que pronunció Zarathustra acerca de la liberación del asco?