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POR QUÉ ESCRIBO LIBROS TAN EXCELENTES

me viene por parte de padre y que, en el fondo, no es más que una predisposición a morir joven. La enfermedad me liberó lentamente de las redes, me ahorró cualquier ruptura repentina, cualquier paso violento y ofensivo. Por entonces no perdí ni una partícula de la buena voluntad de los demás, sino que más bien la acrecenté. La enfermedad me dio asimismo el derecho a invertir por completo mi modo de vida; no solo me permitió, sino que me ordenó en realidad olvidar; me impuso la necesidad de estar quieto, de tener tiempo libre, de esperar y de ejercitar la paciencia... ¡Pero todo esto significa pensar!...

El estado de mis ojos por sí solo puso fin a toda condición de ratón de biblioteca, o, en buen cristiano—filología: quedé así liberado de los libros; durante años dejé de leer, ¡y este fue el mayor beneficio que jamás me he concedido!

Ese yo más recóndito, que estaba, por decirlo así, sepultado, y que había enmudecido porque se le había obligado a escuchar perpetuamente a otros yos (¡pues eso es lo que significa leer!), despertó lentamente; al principio era tímido y dudoso, pero al fin volvió a hablar

Jamás me he alegrado más de mi condición que durante los momentos de mayor enfermedad y dolor de mi vida. No tenéis más que examinar Aurora o, tal vez, El caminante y su sombra,16 para comprender qué significaba en realidad este "retorno a mí mismo": ¡en sí mismo fue la más alta clase de recuperación!... Mi curación fue simplemente el resultado de ello.

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