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POR QUÉ ESCRIBO LIBROS TAN EXCELENTES

alcanzar. ¡Con este sentimiento de distancia, cómo podría siquiera desear ser leído por los «modernos» que conozco! Mi triunfo es justo lo contrario de lo que fue el de Schopenhauer: yo digo «Non legor, non legar». No es que quiera subestimar el placer que me ha producido la inocencia con la que frecuentemente se ha contradicho a mis obras. Aún el verano pasado, en un momento en que intentaba, tal vez mediante mi literatura de peso, demasiado de peso, desequilibrar al resto de la literatura, un cierto profesor de la Universidad de Berlín tuvo la amabilidad de darme a entender que en realidad debería utilizar una forma diferente: nadie podía leer semejantes tonterías como las que yo escribía.—Finalmente, no fue Alemania, sino Suiza la que me presentó los dos casos más extremos. Un ensayo sobre Más allá del bien y del mal, del Dr. V. Widmann en el periódico llamado Bund, bajo el título «El libro peligroso de Nietzsche», y una reseña general de todas mis obras, de la pluma de Don Karl Spitteler, también en el Bund, constituyen un máximo en mi vida —no diré de qué...—. Este último trató mi Zaratustra, por ejemplo, como «ejercicios avanzados de estilo», y expresó el deseo de que más adelante yo intentara ocuparme también de la cuestión del contenido; el Dr. Widmann me aseguró su respeto por el valor que mostraba al esforzarme por abolir todo sentimiento de decencia. Gracias a un pequeño truco del destino, cada frase en estas críticas parecía, con una consistencia que no podía dejar de admirar, ser una verdad invertida. De hecho, era de lo más notable que todo lo que uno tenía que hacer era «transvalorar todos los valores» para dar en el clavo respecto a mí, en vez de golpearse la cabeza con el clavo... Por lo tanto, estoy más ansioso por descubrir una explicación. Después de todo, nadie puede sacar de las cosas, incluidos los libros, más de lo que ya sabe. Un hombre no tiene oídos para aquello a lo que la experiencia no le ha dado acceso. Para tomar un caso extremo, supongamos que un libro contiene simplemente incidentes que se encuentran totalmente fuera del alcance de la experiencia general o incluso de la rara; supongamos que es el primer lenguaje en expresar toda una serie de

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