আমার জীবনের লক্ষ্য যখন আমাকে বাধ্য করেছিল, কেবল তখনই আমি ইতিহাসের প্রকৃত পড়াশোনায় ফিরে গিয়েছিলাম।
Fue también por entonces cuando adiviné por primera vez la relación entre una ocupación instintivamente repulsiva, una llamada vocación, que es lo último a lo que uno es «llamado», y esa necesidad de adormecer un sentimiento de vaciedad y de hambre por medio de un arte que es un narcótico, por medio del arte de Wagner, por ejemplo.
Tras mirar cuidadosamente a mi alrededor, he descubierto que un gran número de jóvenes se encuentran en el mismo estado de angustia: una clase de práctica antinatural conduce a la fuerza a otra. En Alemania —o más bien, para evitar toda ambigüedad, en el Imperio—,15 son demasiados los condenados a decidir su elección demasiado pronto y a consumirse luego bajo una carga que ya no pueden quitarse de encima...
Tales criaturas anhelan a Wagner como a un opiáceo; así logran olvidarse de sí mismas, librarse de sí mismas por un momento... ¡Qué estoy diciendo!— por cinco o seis horas.
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En este momento mis instintos se volvieron resueltamente en contra de cualquier otra cesión o seguimiento por mi parte, y de cualquier otro malentendido de mí mismo. Cualquier clase de vida, las circunstancias más desfavorables, la enfermedad, la pobreza —cualquier cosa me parecía preferible a ese indigno «eggoísmo» en el que había caído, en primer lugar, gracias a mi ignorancia y juventud, y en el que había permanecido después debido a la pereza— el llamado «sentimiento del deber».
En este momento crítico vino en mi ayuda, de un modo que no sabré admirar bastante y con absoluta puntualidad, esa funesta herencia que