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nydus/Ecce HomoPublic
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POR QUÉ ESCRIBO LIBROS TAN EXCELENTES

menor síntoma de fatiga. Dormía bien y reía bastante; gozaba de una salud y una paciencia perfectas.

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Con la excepción de estos periodos de labor de diez días, los años que pasé durante la producción de Zarathustra, y a partir de entonces, fueron para mí años de una angustia sin par.

Un hombre paga caro el ser inmortal: para lograrlo debe morir muchas veces a lo largo de su vida.

Existe algo como lo que yo llamo el rencor de la grandeza: todo lo grande, ya sea una obra o un acto, una vez completado, se vuelve inmediatamente contra su autor.

El puro hecho de ser su autor lo debilita en ese momento. Ya no puede soportar su propia obra. Ya no puede mirarla cara a cara.

¡Tener a las espaldas algo que uno jamás pudo haber querido, algo a lo que está atado el nudo del destino humano, y verse obligado de ahí en adelante a cargarlo sobre los hombros!

¡Vaya, casi lo aplasta a uno! ¡El rencor de la grandeza!

Una experiencia algo distinta es el misterioso silencio que reina a su alrededor. La soledad tiene siete pieles que nada puede penetrar. Uno anda entre los hombres; uno saluda a los amigos: pero estas cosas no son sino nuevos desiertos, las miradas de aquellos con quienes uno se cruza ya no contienen un saludo. En el mejor de los casos uno tropieza con una especie de revuelta. Este sentimiento de revuelta lo sufrí, en distintos grados de intensidad, por parte de casi todos los que se me acercaban; parecería que nada inflige

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