1
¿Por qué sé más cosas que los demás? ¿Por qué, en realidad, soy tan inteligente? Jamás he reflexionado sobre cuestiones que no son cuestiones. Jamás he malgastado mis fuerzas. De problemas religiosos efectivos, por ejemplo, no tengo ninguna experiencia. Nunca he sabido lo que es sentirse «pecador». Del mismo modo carezco por completo de un criterio fiable para determinar en qué consiste un remordimiento de conciencia: a juzgar por todo lo que se dice, el remordimiento de conciencia no parece ser algo muy respetable... Una vez hecho un acto, me desagradaría dejarlo en la estacada; preferiría omitir por completo el mal resultado, las consecuencias, del problema relativo al valor de un acto. Ante las malas consecuencias uno se inclina demasiado a perder el punto de vista adecuado desde el cual debe considerarse la propia acción. Un remordimiento de conciencia me parece una especie de «mal de ojo». Algo que ha fracasado debe ser honrado con tanto más celo, precisamente porque ha fracasado: esto concuerda mucho más con mi moral. —«Dios», «la inmortalidad del alma», «la redención», un «más allá»: a todas estas nociones, ya de niño, jamás les presté la menor atención ni perdí el tiempo con ellas; ¿tal vez no fui nunca lo bastante ingenuo para eso?—. El ateísmo me es por completo desconocido como resultado, y todavía menos como un acontecimiento en mi vida: en mí es innato, instintivo.