La reseña que, con mucho, recibió más atención, y que despertó más amargura, fue una apreciación extraordinariamente enérgica y valiente de mi obra por parte de Carl Hillebrand, un hombre que solía ser tan apacible, y el último alemán humano que sabía cómo manejar la pluma. El artículo apareció en la Gaceta de Augsburgo, y hoy puede leerse, expresado en un lenguaje algo más cauto, entre sus ensayos reunidos. En él se aludía a mi obra como a un acontecimiento, como a un punto de inflexión decisivo, como al primer signo de un despertar, como a un síntoma excelente y como a un renacimiento real de la seriedad alemana y de la pasión alemana en los asuntos espirituales.
Hillebrand solo pudo hablar en los términos de mayor respeto de la forma de mi libro, de su gusto consumado, de su tacto perfecto para discriminar entre personas y causas: lo calificó como la mejor obra polémica de la lengua alemana, la mejor realización en el arte de la polémica, que para los alemanes resulta tan peligroso y tan sumamente desaconsejable. Además de confirmar mi punto de vista, puso aún más énfasis en lo que me había atrevido a decir sobre el deterioro del idioma en Alemania (hoy en día los escritores adoptan aires de puristas13 y ya ni siquiera saben construir una oración); compartiendo mi desprecio por las estrellas literarias de esta nación, concluyó expresando su admiración por mi valor, ese «mayor valor de todos que sienta en el banquillo a los favoritos del pueblo». ...
Las secuelas de este ensayo mío resultaron de un valor inestimable para mí en la vida. Nadie ha vuelto a intentar meterse conmigo desde entonces. La gente guarda silencio. En Alemania se me trata con sombría cautela: durante años he disfrutado del privilegio de una libertad de expresión tan absoluta como la que nadie hoy en día, y menos que nadie en el «Imperio», tiene suficiente libertad para reclamar. Mi paraíso está «a la sombra de mi espada». En el fondo, todo lo que había hecho era poner en práctica una de las máximas de Stendhal: este aconseja hacer la entrada en sociedad por