Fue en estos dos caminos donde me vino todo el Zarathustra, ante todo, el mismo Zarathustra como tipo; más bien debiera decir que en estos paseos fue donde me salió al paso.
2
Para comprender este tipo, primero hay que tener plena claridad acerca de su condición fisiológica fundamental: esta condición es lo que yo llamo gran salud. Con respecto a esta idea no puedo expresar mi significado con mayor claridad ni de un modo más personal de lo que ya lo he hecho en uno de los últimos aforismos (N.º 382) del quinto libro de la Gaya Scienza: «Nosotros, los nuevos, anónimos e inescrutables seres», reza el pasaje, «nosotros, los primogénitos de un futuro todavía no probado, nosotros que tenemos un nuevo fin en vista, necesitamos también para ese fin nuevos medios, es decir, una salud nueva, una salud más fuerte, más aguda, más tenaz, más audaz y más alegre que cualquiera que haya existido hasta ahora. Aquel que anhela sentir en su propia alma toda la gama de valores y propósitos que han prevalecido en la tierra hasta sus días, y rodear todas las costas de este mar Mediterráneo ideal; quien, a partir de las aventuras de su más íntima experiencia, quisiera saber qué se siente al ser un conquistador y descubridor del ideal; así como también cómo le va al artista, al santo, al legislador, al sabio, al erudito, al hombre piadoso y al anacoreta divinizado de antaño; tal hombre requiere para su propósito una cosa por encima de todo, y esa es la gran salud, una salud que no solo posee, sino que también adquiere y debe adquirir constantemente, porque la está sacrificando continuamente de nuevo, ¡y se ve obligado a sacrificarla!
Y ahora, por lo tanto, después de haber estado tanto tiempo en camino, nosotros, los argonautas del ideal, cuyo valor es mayor de lo que la prudencia permitiría, y que a menudo naufragamos y sufrimos magulladuras, pero, como he dicho, más sanos de lo que a la gente le gustaría admitir, peligrosamente sanos y recuperando siempre nuestra