¡Pero leed este libro! Tal vez haya logrado aquí expresar este contraste de una manera alegre y al mismo tiempo simpática; tal vez este sea el único propósito de la presente obra.
Lo último que debería prometer lograr es «mejorar» a la humanidad. Yo no establezco ningún ídolo nuevo; que los ídolos viejos aprendan tan solo lo que cuesta tener pies de barro. Derrocar ídolos (ídolos es el nombre que doy a todos los ideales) es mucho más parecido a mi tarea.
A medida que se ha supuesto falsamente un mundo ideal, se ha robado a la realidad su valor, su sentido y su veracidad.... El «mundo verdadero» y el «mundo aparente» —en cristiano, el mundo ficticio y la realidad—....
Hasta ahora la mentira del ideal ha sido la maldición de la realidad; por obra de ella, la fuente misma de los instintos de la humanidad se ha vuelto mendaz y falsa; a tal punto que se ha llegado a adorar aquellos valores que son el exacto opuesto de los que garantizarían la prosperidad del hombre, su futuro y su gran derecho al futuro.
3
Quien sabe respirar el aire de mis escritos es consciente de que es un aire de las alturas, de que es tonificante. Hay que estar hecho para él, de otro modo es probable que uno se resfríe. El hielo está cerca, la soledad es terrible—pero ¡con qué serenidad yace todo bajo la luz del sol! ¡con qué libertad se puede respirar! ¡cuánto, siente uno, se extiende por debajo de uno!
La filosofía, tal como hasta ahora la he entendido, es una retirada voluntaria a regiones de hielo y cumbres montañosas: la búsqueda de todo lo extraño y cuestionable en la existencia, de todo aquello sobre lo cual, hasta ahora, la moralidad había impuesto su veto. Mediante una larga experiencia, derivada de tales deambulares por países prohibidos, adquirí una opinión muy distinta de la que suele parecer