¡Oh altísima corona del Ser, apiñada de estrellas!
¡Oh tablas esculpidas de la Eternidad!
¿Y encaminas verdaderamente tus pasos hacia mí?
Tu hermosura, oscuridad para todos,
¿Qué? ¿No temes desvelarte ante mi vista?
¡Oh escudo del Destino!
¡Oh talladas tablas de la Eternidad!
Sí, en verdad, tú sabes —lo que el género humano aborrece,
Lo que yo solo amo: tú eres inviolable
¡A los golpes del cambio y del tiempo, de los hados el hado!
¡Tan solo tú, oh funesta Necesidad,
Puedes encender amor eterno en mí!
¡Oh, altísima corona de la Vida! ¡Oh, escudo del Destino!
Al que ningún deseo puede alcanzar para invocar,
Al que jamás mancilla ni ensucia un No,
Eterno Sí de la vida, ¡por siempre soy tu Sí!:
¡Pues te amo a ti, Eternidad!