tenido la gente oídos para escuchar mi definición del amor? Es la única definición digna de un filósofo. El amor, en sus medios, es la guerra; en su fundamento, es el odio mortal de los sexos. ¿Habéis oído mi respuesta a la pregunta de cómo se puede curar, de hecho «salvar» a una mujer?— ¡Dadle un hijo! Una mujer necesita hijos, el hombre es siempre solo un medio, así habló Zaratustra.
«La emancipación de la mujer»: —este es el odio instintivo de las mujeres fisiológicamente fracasadas —es decir, estériles— hacia sus hermanas bien constituidas; la lucha contra el «hombre» es siempre tan solo un medio, un pretexto, una estrategia.
Al intentar elevarse hasta la «Mujer per se», hasta la «Mujer Superior», hasta la «Mujer Ideal», lo único que desean es rebajar el rango general de la condición de las mujeres; y no hay medios más seguros para este fin que la educación universitaria, los pantalones y los derechos de voto del ganado.
A decir verdad, las emancipadas son las anarquistas del mundo «eternamente femenino», los percances fisiológicos, cuyo instinto más arraigado es la venganza.
Toda una especie del más malicioso «idealismo» —el cual, por cierto, también se manifiesta en los hombres, en Henrik Ibsen por ejemplo, esa solterona típica— cuyo objeto es envenenar la conciencia limpia, el espíritu natural, del amor sexual...
Y para no dejar ninguna duda en vuestras mentes respecto a mi opinión, que, sobre este asunto, es tan honesta como severa, os revelaré una cláusula más de mi código moral contra el vicio —con la palabra «vicio» combato todo tipo de oposición a la Naturaleza, o, si preferís las bellas palabras, el idealismo. La cláusula reza: