Que la verdad se acerque a mí hoy Dorada por las sonrisas, Endulzada por el sol, tostada por el amor,— Una verdad madura quisiera desgajar del árbol.
Hoy estiro mis manos Hacia las trenzas de la casualidad, Lo bastante sabio para guiar, Para burlar a la casualidad como a un niño.
Hoy seré hospitalario Contra lo indeseado, Contra el destino mismo no seré espinoso...
—Zarathustra no es ningún erizo.
Mi alma,
- Insaciable con su lengua,
- Ha probado ya de todas las cosas buenas y malas,
- Y se ha sumergido en todas las profundidades.
Pero siempre, como el corcho,
Vuelve a nadar hacia la superficie, Y flota como el aceite sobre mares pardos:
A causa de esta alma los hombres me llaman afortunado.
¿Quiénes son mi padre y mi madre? ¿No es mi padre el Príncipe Abundancia? ¿Y mi madre la Risa Silenciosa? ¿No engendró la unión de ambos al enigma, a la bestia—