páramo sediento!
Una vez les ordené a las nubes que se apartaran de mis montañas; una vez les dije: «¡Más luz, oh oscuras!».
Hoy las seduzco para que vengan: oscurecedme con vuestras ubres: —quisiera ordeñaros, ¡vacas de las alturas!
Sabiduría tibia como la leche, dulce rocío de amor derramo sobre la tierra.
¡Fuera, fuera, verdades que tenéis un aspecto tan sombrío! No os quiero en mis montañas
Amargas, impacientes verdades.