el culpable de todo vicio y vil pecado! Y al ver que la importuna fama así pregona su desvergonzada ramera, la ambición se vuelve hiel. En tal calaña tan solo un sitio ansiaría, el más bajo de todos.
Esta fama, que el vasto mundo ama,
la toco con guantes de rama,
y con desdén la aplasto
bajo mi pie, marchito y casto.
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¡Silencio! ¡Veo la inmensidad!, ¿y de cosas inmensas
ha de callar el hombre, a menos que pueda encerrarlas
con sus palabras? ¡Toma entonces el poder que trae
el corazón a tu lengua, oh sabiduría mía encantada!
Miro hacia arriba, allí rueda el mar sembrado de estrellas.
¡Oh noche, silencio mudo, grito sin voz de las estrellas!
¡Y he aquí! ¡Una señal! El cielo descorre sus confines...
Una constelación brillante cae hacia mí.
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