«¡Ay, sois vosotros solos, criaturas de la penumbra, espíritus de la noche, los que tomáis vuestro calor de aquello que brilla! Vosotros solos mamáis vuestra leche y vuestro consuelo de las ubres de la luz».
«¡Ay de mí, en torno a mí hay hielo, mi mano se quema a sí misma contra el hielo!»
«¡Ay, dentro de mí hay una sed que sedienta está de tu sed!
"Es de noche: ¡ay de mí, que tengo que ser luz! ¡Y tener sed de oscuridad! ¡Y de soledad!
"Es de noche: ahora brota mi anhelo como un manantial;—de hablar tengo anhelo.
"Es de noche: ahora hablan más alto todas las fuentes cantarinas. Y también mi alma es una fuente cantarina.
"Es de noche: solo ahora prorruecan en cantos todos los amantes. Y también mi alma es el canto de un amante."
8
Cosas así nunca se han escrito, nunca se han sentido, nunca se han sufrido: sólo un Dios, sólo Dioniso sufre de este modo. La respuesta a un ditirambo tal sobre la soledad del sol en la luz sería Ariadna.
... ¡Quién sabe, sino yo, quién es Ariadna! Para todos esos enigmas nadie hasta ahora había hallado jamás una respuesta; dudo incluso de que alguien hubiese visto jamás un enigma aquí. Un día Zaratustra determina severamente su tarea vital —y también es la mía—. Que nadie malinterprete su sentido. Es un decir-sí hasta el punto de justificar, hasta el punto de redimir incluso todo lo pasado.
"Camino entre los hombres como entre fragmentos del futuro: de ese futuro que yo veo.