Codal
nydus/Heart of DarknessPublic
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III

mismo⁠—, ya sabe». «¡Pero si está loco!», dije. Él protestó indignado. El señor Kurtz no podía estar loco. Si yo le hubiera oído hablar, hace apenas dos días, no me habría atrevido a insinuar tal cosa.⁠ ⁠… Había cogido mis prismáticos mientras hablábamos y miraba hacia la orilla, barría el confín del bosque a cada lado y en la parte posterior de la casa. La consciencia de que hubiera gente en ese matorral, tan silenciosa, tan callada⁠—tan silenciosa y callada como la casa en ruinas sobre la colina⁠—, me inquietaba. No había en la faz de la naturaleza ningún indicio de esta historia asombrosa que más que serme contada se me sugería en exclamaciones desoladas, completadas con encogimientos de hombros, en frases interrumpidas, en insinuaciones que terminaban en profundos suspiros. Los bosques se veían inmutables, como una máscara⁠—pesados, como la puerta cerrada de una prisión⁠—, miraban con su aire de conocimiento oculto, de paciencia expectante, de silencio inalcanzable. El ruso me explicaba que hacía muy poco que el señor Kurtz había bajado al río, trayendo consigo a todos los hombres guerreros de aquella tribu del lago. Había estado ausente durante varios meses⁠—haciéndose adorar, supongo⁠— y había bajado de imprevisto, Aparentemente con la intención de hacer una incursión ya fuera al otro lado del río o río abajo. Evidentemente, el apetito por más marfil se había impuesto a las⁠—¿cómo decirlo?⁠—aspiraciones menos materiales. Sin embargo, su salud había empeorado mucho de repente. «Me enteré de que estaba postrado e indefenso, así que vine⁠—me arriesgué», dijo el ruso. «Oh, está mal, muy mal». Dirigí mis anteojos hacia la casa. No había indicios de vida, pero ahí estaba el techo arruinado, el largo muro de barro asomando por encima de la hierba, con tres pequeños agujeros cuadrados a modo de ventana, ninguno del mismo tamaño; todo ello al alcance de mi mano, por así decirlo. Y entonces hice un movimiento brusco, y uno de los postes que aún quedaban de aquella valla desaparecida saltó al campo visual de mis prismáticos. Recuerda que le dije que me había llamado la atención a la distancia ciertos intentos de ornamentación, bastante notables dado el aspecto ruinoso del lugar. Ahora tuve de repente una

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