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nydus/Heart of DarknessPublic
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III

el último discípulo de Kurtz. —¿Y bien, y tú?⁠—le dije. —¡Yo! ¡Yo! ¡Yo soy un hombre sencillo. No tengo grandes pensamientos. No quiero nada de nadie. ¿Cómo puedes compararme a… ? Sus sentimientos eran demasiado intensos para las palabras, y de repente se derrumbó. —No entiendo⁠—gimió—. He estado haciendo todo lo posible para mantenerlo con vida, y eso basta. Yo no he tenido nada que ver en todo esto. No tengo capacidades. Aquí no ha habido una sola gota de medicina ni un bocado de comida para enfermos en meses. Lo abandonaron vergonzosamente. Un hombre así, con semejantes ideas. ¡Vergonzosamente! ¡Vergonzosamente! Yo⁠—yo⁠—no he dormido en las últimas diez noches…

«Su voz se perdió en la calma de la tarde. Las largas sombras del bosque se habían deslizado colina abajo mientras hablábamos, habían ido mucho más allá de la choza en ruinas, más allá de la simbólica hilera de estacas. Todo esto quedaba en la penumbra, mientras nosotros, allí abajo, aún estábamos bajo el sol, y el tramo del río a la altura del claro brillaba con un esplendor quieto y deslumbrante, con una curva turbia y ensombrecida arriba y abajo. Ni un solo ser vivo se veía en la orilla. Los arbustos no crujían.

“De pronto, al doblar la esquina de la casa, apareció un grupo de hombres, como si hubieran salido de la tierra. Avanzaban con el agua a la cintura entre la hierba, en un cuerpo compacto, cargando en medio de ellos unas parihuelas improvisadas. Al instante, en la vacuidad del paisaje, se alzó un grito cuya estridencia atravesó el aire quieto como una afilada flecha que volara directa al mismísimo corazón de la tierra; y, como por encantamiento, oleadas de seres humanos⁠—de seres humanos desnutos⁠— con lanzas en las manos, con arcos, con escudos, con miradas salvajes y movimientos montaraces, se derramaron en el claro desde el bosque de rostro oscuro y pensativo. Los arbustos se agitaron, la hierba se meció un instante, y luego todo quedó sumido en una inmóvil atención.

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