íbamos, con sus contornos difuminados como si estuviera a punto de disolverse, y una franja de agua brumosa, de tal vez dos pies de ancho, a su alrededor, y nada más. El resto del mundo no existía, por lo que a nuestros ojos y oídos concernía. Sencillamente no existía. Había desaparecido, esfumado; barrido sin dejar atrás ni un susurro ni una
“Avancé y ordené que recogieran la cadena para tenerla corta, de modo que estuviera listo para soltar el ancla y mover el vapor enseguida si era necesario. —¿Atacarán? —susurró una voz aterrorizada—. Nos van a masacrar a todos en esta niebla —murmuró otra. Los rostros se crispaban por la tensión, las manos temblaban ligeramente, los ojos olvidaban parpadear. Era muy curioso ver el contraste entre las expresiones de los hombres blancos y las de los negros de nuestra tripulación, que eran tan ajenos a aquella parte del río como nosotros, a pesar de que sus hogares estaban a solo ochocientas millas de distancia. Los blancos, por supuesto, muy desconcertados, tenían además un extraño aspecto de estar dolorosamente escandalizados por semejante escándalo indignante. Los otros mostraban una expresión alerta, de un interés natural; pero sus rostros eran fundamentalmente tranquilos, incluso los de aquel par que sonreían mientras tiraban de la cadena. Varios intercambiaron frases cortas y guturales que parecieron zanjar el asunto a su entera satisfacción. Su jefe, un negro joven y de pecho ancho, severamente envuelto en telas azul oscuro con flecos, de fosas nasales feroces y el cabello artísticamente peinado en rizos aceitosos, estaba de pie cerca de mí. —¡Ajá! —dije, solo por camaradería—. —Cógelo —espetó él, con los ojos inyectados en sangre que se dilataban y un destello de dientes afilados—: cógelo. Dánoslo. —¿A vosotros? —pregunté—; ¿qué haríais con ellos? —¡Comérnoslo! —dijo cortante y, apoyando el codo en la borda, contempló la niebla con una actitud digna y profundamente pensativa. Sin duda me habría horrorizado debidamente de no haberme dado cuenta de que él y sus muchachos debían de estar muy hambrientos: de que debían de llevar pasando cada vez más hambre al menos desde el mes