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nydus/Heart of DarknessPublic
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II

de que eso era exactamente lo que había estado deseando: una charla con Kurtz. Hice el extrañísimo descubrimiento de que nunca lo había imaginado actuando, ya sabes, sino discurriendo. No me dije a mí mismo: «Ahora nunca lo veré», ni «Ahora nunca le estrecharé la mano», sino: «Ahora nunca lo oiré». El hombre se presentaba a sí mismo como una voz. No, por supuesto, en el sentido de que no lo relacionara con algún tipo de acción. ¿No me habían dicho, en todos los tonos de la envidia y la admiración, que había recolectado, negociado, estafado o robado más marfil que todos los demás agentes juntos? Esa no era la cuestión. La cuestión residía en que era un ser dotado, y en que, de todos sus dones, el que sobresalía de manera preeminente, el que conllevaba una sensación de presencia real, era su capacidad de hablar, sus palabras: el don de la expresión, el desconcertante, el esclarecedor, el más exaltado y el más deleznable, el chorro pulsante de luz o el flujo engañoso surgido del corazón de una impenetrables tinieblas.

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