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nydus/Heart of DarknessPublic
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II

hermosa resignación. Yo me consumía de impaciencia y me dio por debatir conmigo mismo si hablaría o no abiertamente con Kurtz; pero antes de poder llegar a ninguna conclusión se me ocurrió que mis palabras o mi silencio, de hecho cualquier acción mía, serían una absoluta nimiedad. ¿Qué importaba lo que alguien supiera o ignorara? ¿Qué importaba quién fuera el gerente? A uno le sobreviene a veces semejante destello de lucidez. Lo esencial de este asunto yacía muy hondo bajo la superficie, fuera de mi alcance y de mi poder de intervención.

“Hacia el atardecer del segundo día calculamos que estábamos a unas ocho millas de la estación de Kurtz. Yo quería seguir adelante; pero el administrador puso cara seria y me dijo que la navegación por allá arriba era tan peligrosa que sería aconsejable, estando ya el sol muy bajo, esperar donde estábamos hasta la mañana siguiente. Además, señaló que, si se iba a seguir la advertencia de acercarse con cautela, debíamos hacerlo a la luz del día, y no al anochecer ni en la oscuridad. Esto era bastante sensato. Ocho millas significaban casi tres horas de navegación para nosotros, y también podía ver unos remolinos sospechosos en el extremo superior del recodo. Sin embargo, la demora me molestó más allá de toda expresión, y de forma de todo punto irrazonable, ya que una noche más no podía importar mucho después de tantos meses. Como teníamos abundante leña y la consigna era la cautela, detuve la marcha en medio de la corriente. El recodo era estrecho, recto, con orillas altas como un desmonte de ferrocarril. La penumbra se deslizó en él mucho antes de que el sol se hubiera puesto. La corriente corría mansa y rápida, pero una mudez inmóvil se posaba en las riberas. Los árboles vivos, enlazados por las trepadoras y todos los arbustos vivos del sotobosque, podrían haberse convertido en piedra, hasta la más fina ramita, hasta la hoja más ligera. No era sueño; parecía antinatural, como un estado de trance. No se escuchaba el más leve sonido de ningún tipo. Uno miraba asombrado y empezaba a sospechar que se había vuelto sordo; luego la noche cayó de repente y lo dejó a uno ciego también.

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