Codal
nydus/Heart of DarknessPublic
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II

de repente, al forcejear rodeando una curva, se divisaban brevemente unas paredes de juncos, unos tejados de paja puntiagudos, una explosión de gritos, un remolino de extremidades negras, una masa de manos que aplaudían, de pies que zapateaban, de cuerpos que se balanceaban, de ojos que giraban, bajo la penumbra de un follaje pesado e inmóvil. El vapor avanzaba penosamente despacio al borde de un delirio negro e incomprensible. El hombre prehistórico nos maldecía, nos suplicaba, nos daba la bienvenida; ¿quién podía saberlo? Estábamos incomunicados para comprender lo que nos rodeaba; nos deslizábamos como fantasmas, extrañados y secretamente aterrorizados, como lo estarían personas cuerdas ante un estallido de entusiasmo en un manicomio. No podíamos comprender porque estábamos demasiado lejos y no podíamos recordar porque viajábamos en la noche de las primeras edades, de aquellas edades que se han ido sin dejar casi rastro, y ningún recuerdo.

La tierra parecía sobrenatural. Estamos acostumbrados a contemplar la forma encadenada de un monstruo conquistado, pero allí⁠—allí se podía contemplar una cosa monstruosa y libre. Era sobrenatural, y los hombres eran⁠—No, no eran inhumanos. Bien, ya saben, eso era lo peor⁠—esta sospecha de que no fueran inhumanos. A uno le iba viniendo despacio. Aullaban, saltaban, giraban y hacían muecas horribles; pero lo que a uno le estremecía era precisamente el pensamiento de su humanidad⁠—como la tuya⁠—el pensamiento de tu remoto parentesco con aquel estrépito salvaje y apasionado. Feo. Sí, era bastante feo; pero si uno era lo bastante hombre, se admitía a sí mismo que había en él tan solo el más tenue rastro de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una vaga sospecha de que hubiera en él un significado que tú⁠—tú, tan alejado de la noche de los primeros tiempos⁠—podías comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de todo⁠—porque todo está en ella, todo el pasado además de todo el futuro. ¿Qué había al fin y al cabo? Alegría, miedo, pena, devoción, valor, rabia⁠—¿quién puede decirlo?⁠—pero la verdad⁠—la verdad despojada de su manto de tiempo. Que el tonto se

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