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nydus/Heart of DarknessPublic
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II

uno amarrado con dos buenas direcciones, como un casco con dos anclas, un carnicero a la vuelta de una esquina, un policía a la vuelta de otra, un apetito excelente y la temperatura normal —oyen—, normal de año nuevo a año viejo. ¡Y dicen ustedes: Absurdo! ¡Absurdo, a la… mierda! ¡Absurdo! Queridos muchachos, ¿qué pueden esperar de un hombre que, por puro nerviosismo, acababa de arrojar por la borda un par de zapatos nuevos? Ahora que lo pienso, es increíble que no se me cayeran las lágrimas. En general, estoy orgulloso de mi fortaleza. Me dolió en el alma la idea de haber perdido el inestimable privilegio de escuchar al dotado Kurtz. Desde luego, me equivoqué. El privilegio me estaba esperando. Ah, sí, oí más que suficiente. Y también tenía razón. Una voz. Él era poco más que una voz. Y lo oí —a él—, a aquello—, a esta voz—, a otras voces—, todas ellas eran tan poco más que voces—, y el recuerdo de aquel tiempo en sí perdura a mi alrededor, impalpable, como la vibración moribunda de un inmenso parloteo, necio, atroz, sórdido, salvaje o simplemente mezquino, carente de cualquier clase de sentido. Voces, voces… incluso la muchacha misma… ahora…

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