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nydus/Heart of DarknessPublic
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III

“Su oscuridad era impenetrable. Lo miré tal como se mira a un hombre que yace en el fondo de un precipicio donde el sol nunca brilla. Pero no disponía de mucho tiempo para dedicarle, porque estaba ayudando al maquinista a desmontar los cilindros con fugas, a enderezar una biela doblada y en otros menesteres por el estilo.

Vivía en un revoltijo infernal de óxido, limaduras, tuercas, pernos, llaves inglesas, martillos, taladros de carraca, cosas que aborrezco porque no me llevo bien con ellas. Atendía la pequeña fragua que por suerte teníamos a bordo; trabajaba fatigosamente en un basurero miserable, a menos que me dieran temblores tan fuertes que no pudiera ni tenerme en pie.

Una noche, al entrar con una vela, me sobresaltó oírle decir con voz un poco temblorosa: «Estoy aquí tumbado en la oscuridad esperando la muerte». La luz estaba a menos de treinta centímetros de sus ojos. Me obligué a murmurar: «¡Oh, qué tontería!», y me quedé de pie junto a él como si estuviera petrificado.

“Algo que se asemeje al cambio que experimentó su rostro jamás lo había visto antes,

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