de inspiración de esos, ya sabes. Dije lo correcto, aunque en verdad él no podría haber estado más irremediablemente perdido de lo que estaba en este preciso momento, cuando se estaban cimentando los fundamentos de nuestra intimidad—para perdurar—para perdurar—aun hasta el fin—aun más allá.
“—Tenía inmensos planes —murmuró indeciso.
—Sí —dije yo—; pero si intentas gritar te romperé la cabeza con... —No había ni un palo ni una piedra cerca.
—Te estrangularé para siempre —me corrigí.
—Estaba en el umbral de grandes cosas —suplicó con una voz llena de anhelo, con una melancolía en el tono que me heló la sangre—. ¿Y ahora por este estúpido sinvergüenza...?
—Tu éxito en Europa está asegurado en cualquier caso —afirmé con firmeza.
No quería tener que estrangularlo, ya comprende —y de hecho habría servido de muy poco para cualquier propósito práctico—.