caminar—anda a gatas—lo tengo atrapado». La hierba estaba mojada de rocío. Avancé a grandes zancadas con los puños apretados. Imagino que tenía alguna idea vaga de abalanzarme sobre él y darle una paliza. No lo sé. Pasaron por mi mente algunos pensamientos imbéciles. La vieja que hacía punto con el gato se impuso en mi memoria como una persona de lo más inadecuada para estar sentada al otro extremo de un asunto semejante. Vi a una fila de peregrinos escupiendo plomo al aire con rifles Winchester sostenidos a la altura de la cadera. Pensé que nunca volvería al vapor, y me imaginé viviendo solo y desarmado en los bosques hasta una edad abanzada. Cosas así de tontas—ya sabes. Y recuerdo que confundí el redoble del tambor con los latidos de mi corazón, y me alegré de su tranquila regularidad.
“Sin embargo, me mantuve en el sendero; luego me detuve a escuchar. La noche era muy clara; un espacio de azul oscuro, centelleante de rocío y luz estelar, en el que las cosas negras permanecían muy quietas. Me pareció ver una especie de movimiento delante de mí. Estaba extrañamente seguro de todo aquella noche. De hecho, abandoné el sendero y corrí haciendo un amplio semicírculo (bien creo que riéndome para mis adentros) para ponerme delante de aquel revuelo, de aquel movimiento que había visto —si es que realmente había visto algo. Estaba burlando a Kurtz como si hubiera sido un juego de muchachos.
«Me topé con él, y, si no me hubiera oído llegar, también habría tropezado con él, pero se levantó a tiempo. Se incorporó, inestable, alto, pálido, borroso, como un vapor exhalado por la tierra, y se balanceó ligeramente, brumoso y silencioso ante mí; mientras a mi espalda los fuegos emergían entre los árboles y el murmullo de muchas voces salía del bosque. Lo había interceptado con habilidad; pero al tenerlo en realidad enfrente pareció volverme el juicio, vi el peligro en su justa medida. Esto ni mucho menos había terminado aún. ¿Y si se ponía a gritar? Aunque apenas podía mantenerse en pie, todavía le sobraba vigor en la voz. “Vete, escóndete”, dijo, con aquel tono profundo. Fue terrible».