por el deseo de recuperar el reino de Nápoles; por otra parte, arrastró tras de sí al rey de Francia, pues ese rey, habiendo observado el movimiento y deseando hacer del Papa su amigo para humillar a los venecianos, halló imposible negárselo. Por tanto, Julio con su acción impetuosa logró lo que ningún otro pontífice con humana prudencia habría podido hacer; porque si hubiera esperado en Roma hasta poder partir con sus planes organizados y todo arreglado, como cualquier otro pontífice habría hecho, nunca lo habría conseguido. Porque el rey de Francia habría puesto mil excusas, y los demás habrían suscitado mil temores.
Dejaré a un lado sus otras acciones, ya que todas fueron semejantes y todas tuvieron éxito, pues la brevedad de su vida no le permitió experimentar lo contrario; pero si se hubiesen presentado circunstancias que le exigieran obrar con cautela, su ruina habría sobrevenido, porque jamás se habría desviado de aquellos caminos a los que su naturaleza lo inclinaba.
Concluyo, por tanto, que, siendo la fortuna variable y los hombres obstinados en sus maneras, los hombres son prósperos mientras ambos van de acuerdo, y desdichados cuando están en desacuerdo.
Por mi parte considero que es mejor ser impetuoso que cauto, porque la fortuna es mujer, y es necesario, si se quiere tener sumisa, golpearla y zaherirla; y se ve que se deja dominar más por aquellos que actúan con impetuosidad que por los que proceden con frialdad.
Ella es, por tanto, siempre, como mujer, amiga de los jóvenes, porque son menos cautos, más feroces y con más audacia la dominan.